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El peligro de la duda: la lógica despiadada y frecuentemente mal entendida del TOC

El TOC se conoce como el “trastorno de la duda”, al menos entre las personas inclinadas a dar seudónimos a las enfermedades mentales. El TOC es la intolerancia patológica al riesgo, por mínimo que sea, y la entrega al ritual de seguridad, por insoportable que sea. Lo sé porque sufrí síntomas graves de TOC durante veinte años sin que mi familia, maestros o incluso terapeutas identificaran correctamente mis síntomas. A pesar de los frecuentes retratos del TOC en libros, televisión y películas, he descubierto que la comprensión de este desorden por parte de muchas personas es trágicamente limitada.

Ahora, la “intolerancia al riesgo” puede no sonar atípico o extremo. Después de todo, cada uno de nosotros tiene momentos en los que, en contra de la probabilidad y el sentido común, intentamos erradicar la incertidumbre ordinaria usando nuestras mentes.

Piénsalo: llegas a la mitad de la cuadra y te das cuenta de que es posible que hayas olvidado cerrar con llave la puerta de entrada, así que vuelves de regreso para revisarla. Está cerca el final de la séptima entrada y las cosas no van bien, así que sacas tu gorra de béisbol favorita porque a veces parece ayudar. Llamas al teléfono de tu hijo dos veces para asegurarte de que llegó bien a la fiesta. Cruzas los dedos, tocas madera, pides un deseo a una moneda, una estrella o una pestaña que se cayó.

Todo el mundo hace esto. No es un problema para la mayoría de la gente.

Pero es un gran problema para las personas con TOC.

La obsesión proviene de un pequeño fallo en la cognición. Por lo general, tienes un reloj de tiempo incorporado en tu mente. Después de darle vueltas a un problema determinado por un tiempo, un comité de ejecutivos altamente eficiente en tu cerebro decide, “está bien, esta es probablemente la mejor solución que podemos encontrar por ahora, suficiente”, y suspenden la consideración del problema y siguen adelante. Esto es saludable y normal.

Sin embargo, cuando te obsesionas, tu mente se niega a renunciar, a aceptar que simplemente no puedes llegar a una mejor solución. Después de todo, ¿qué hay de malo en pensar en ello un poco más? ¿Y un poco más otra vez? Cuando sufres de TOC siempre persiste una pequeña duda de que no has examinado el problema desde todos los ángulos; y entonces luchas con tu problema un poco más, tratando de encontrar una nueva solución que reduzca tu incertidumbre y te deje satisfecho.

Las personas que experimentan TOC se dejan engañar, cada vez, por la promesa de dar un vistazo más al problema, incluso si ya hemos trabajado en él durante horas, días, meses. El TOC exige seguridad y certeza, y el hecho de que nada pueda ser totalmente seguro es lamentable pero irrelevante para sus propósitos.

A veces, esto conduce a las compulsiones físicas que muchos identifican con el trastorno. Si tenemos escrupulosidad y tenemos miedo de Dios, podemos orar un rosario hasta terminar la sarta completa. Si estamos obsesionados con contraer una enfermedad, es posible que nos lavemos las manos una y otra vez. Al final, el comportamiento del afectado está completamente divorciado de la realidad. Lavarse las manos ya no es más una práctica higiénica básica sino un amuleto mágico, una forma de huir de una amenaza ambigua y malévola de todos los “gérmenes”.

Pero estas compulsiones físicas, que muchos suponen que son la mayor carga del TOC, pueden ser solo indicadores modestos de una terrible lucha interna.

Y algunas de las formas más angustiosas de TOC no tienen signos visibles, ni compulsiones tangibles. Tengo una variante del trastorno denominado “TOC Puro” o TOC puramente obsesivo, caracterizado por pensamientos intrusivos que no puedo controlar. Cuando se experimenta TOC Puro, la mente queda cautiva de sus peores pesadillas: temores de que el mundo esté a punto de acabarse, por ejemplo, o de que la víctima sea un asesino o un desviado sexual que pueda sucumbir a impulsos violentos incontrolables en cualquier momento. Cualquiera que sea la cosa más inapropiada u ofensiva que puedas imaginar, en cualquier momento en particular, el TOC Puro sabe lo que es y lo explota.

Cuando se tiene TOC Puro, estos problemas no buscan resolverse mediante rituales físicos como lavarse las manos o contar. En cambio, la víctima queda obsesionada, en silencio y casi continuamente, incapaz de encontrar pruebas concluyentes de que estos horribles escenarios no ocurrirán. No podemos decírselo a nadie, por miedo a que nos etiqueten de paranoicos o psicóticos, y porque nuestros síntomas son internos, la gente no se da cuenta y rara vez se nos ofrece ayuda. Como paciente de TOC, hice una cantidad de cosas estúpidas e irracionales no porque era seguro que me protegeran, sino porque pensé que tal vez podrían protegerme, y estaría condenado si la única noche en la que fallé en orar adecuadamente al Señor para que mi alma se salvara fuera la noche que moriría antes de despertar.

Si un multimillonario sádico decidiera reunir a todos los que sufren de TOC Puro en la ciudad de Arkham llena de miseria, entonces (según el libro “The Imp of the Mind” de Lee Baer) sería la cuarta metrópolis más grande de los Estados Unidos. Sin embargo, el trastorno continúa siendo subdiagnosticado. Es la invisibilidad de la enfermedad lo que le da poder: porque muy pocos pueden reconocer nuestros síntomas y porque muchos no los entienden, muchos de nosotros luchamos durante décadas antes de un diagnóstico exitoso.

Los enfermos de TOC no son neuróticos de camisa de fuerza, psicópatas traicioneros o bufones detectives adorables. Somos personas que sufren, de una manera que es familiar para casi todos, pero en un grado que nadie debería tener que soportar. Perdí los primeros veinte años de mi vida por el TOC, pero espero que, al continuar difundiendo la conciencia sobre la naturaleza del trastorno, podamos sacarlo de las sombras y trabajar para aliviar el sufrimiento de tantos.

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